Historial para Diciembre, 2009

Saber delegar

José Maria Garteiz

Jueves, Diciembre 10th, 2009

Si preguntásemos a todos y cada uno de los empleados de una empresa ¿qué porcentaje de tu tiempo en el trabajo empleas en tareas que podrían ser realizadas por una persona con menos experiencia, sabiendo que se le ha formado para encargarse de ello con calidad?  Nos sorprendería encontrar que el resultado medio es frecuentemente tan alto como el 40-50%.

Este mal hábito reduce los beneficios, afecta negativamente a la motivación y la moral de los empleados, reduce las capacidades competitivas de la organización y, adicionalmente, evita que los profesionales con más experiencia puedan emplear más tiempo con los clientes, invirtiendo así en el futuro de la empresa.

Ante la pregunta ¿por qué no delegas más en tus subordinados? es habitual escuchar respuestas como: prefiero hacerlo yo mismo o, tengo más confianza en que se haga bien si lo hago yo.  ¿A qué miedo se enfrentan estas personas?  ¿Qué las impide delegar?

En ocasiones es el propio sistema el que impide que los profesionales deleguen más en sus subordinados a través de los propios sistemas de medición y recompensa.  Una de estas medidas de presión es la cargabilidad o utilización de los recursos humanos, por la que una persona tiene que facturar un mínimo de horas al cliente durante el mes para no ser echado a la calle, en especial en estos tiempos de crisis económica.

Otra de las razones que obliga a desarrollar esta tendencia para no delegar es la desgana a invertir tiempo en el entrenamiento y supervisión de una persona para conseguir una buena delegación.  Aquí oiremos razonamientos del tipo: a una persona con menos experiencia le llevará hacerlo mas tiempo de lo que me llevará a mi, y además tendré que gastar tiempo en su supervisión.

Por último está el miedo a lo desconocido, lo que tendrá que hacer este profesional si entrega el trabajo a sus subordinados: prestar atención a las cuestiones de marketing, servicio al cliente, trabajar en tareas propias de su nivel.  Si existe una buena delegación será necesario encontrar actividades sustitutivas que realmente cuadren con las habilidades y el nivel de experiencia profesional de la persona en cuestión.

Todas estas razones pueden estar muy bien de cara a uno mismo y los compañeros, sin embargo, no son un argumento válido para mantener personal ineficiente en la empresa.  La buena noticia es que las empresas descubrirán que tienen grandes oportunidades en este área y que el dolor de cambiar los hábitos de sus empleados puede ser recompensado por los beneficios futuros y mitigado en parte con la ayuda de un proceso de coaching ejecutivo.

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Mandar o liderar

José Maria Garteiz

Lunes, Diciembre 7th, 2009

El Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, dijo hace unas semanas: “Quien quiera mandar, que se presente a las elecciones“.  Si bien no es este un foro político donde analizar sus palabras o el mensaje que quiso enviar realmente a la oposición,  si me parece interesante resaltarlas para mostrar una forma de pensar que puede resultar bastante común en nuestro país.

Quien quiera mandar, que se presente a las elecciones.“  ¿Qué nos sugieren estas palabras?  Desde mi percepción es obvio que está dejando claro a sus contrincantes que si quieren dirigir el país tendrán que quitarle su puesto de trabajo como Presidente.  Hasta aquí nada que reprochar al Presidente.  De hecho, en cualquier organización empresarial pasa lo mismo.  Si alguien quiere dirigir una organización deberá estar en algún puesto de responsabilidad desde donde poder cambiar una situación concreta.

Sin embargo, la frase “Quien quiera mandar” llama mi atención, y en concreto la palabra mandar.  ¿Cuál es la responsabilidad de un directivo o dirigente, mandar o liderar?  ¿Ponemos a gente que sepa mandar en los puestos importantes o a personas que sepan liderar al equipo?

Mandar parece algo sencillo.  Algo que casi todos podemos hacer.  Sólo hace falta que nos den la autoridad suficiente, que nos pongan en un puesto por encima del grupo al que tenemos que dirigir y… ¡voilà!  Ya tenemos a una persona mandando y diciendo lo que cada uno tiene que hacer.

Ahora bien, liderar parece algo más complicado.  No todo el mundo parece estar capacitado para liderar, y de hecho tampoco nos encontramos con tantos líderes al cabo del día.  En muchas ocasiones las personas compensan su falta de liderazgo con la fuerza que les otorga su puesto dentro de la organización.

La buena noticia es que podemos aprender a ser líderes y despojarnos de esa percepción de autoridad y mando que podemos desprender en nuestro entorno laboral a través de la formación en habilidades interpersonales y el entrenamiento diario en aquellas competencias que definan a un líder.  Aquí puede ser de gran ayuda la empresa en la que nos encontramos, ya que, si bien hay algunas competencias que pueden ser transversales en los líderes como la comunicación y la motivación, otras pueden ser más específicas de la empresa en la que nos encontremos.

Así que tal vez debamos modificar nuestros comportamientos para encontrar que  cada vez tenemos más seguidores, antes de que nos topemos de bruces con una rebelión a bordo.

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