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Incertidumbre laboral
José Maria Garteiz
Sábado, Enero 30th, 2010
A finales de 2009 la tasa de paro en nuestro país superaba el 19%, duplicando así a la media europea. Las previsiones de los expertos para este año 2010 no son nada halagüeñas, ya que estiman que el paro se situará en valores cercanos al 21%, manteniendo de esta forma el liderato con respecto a nuestros socios europeos. Esta situación económica tan inquietante nos genera incertidumbres al no poder vislumbrar nuestro futuro a medio plazo.
Una de las opciones que se nos presenta en estos tiempos tan revueltos es la de mantener nuestro puesto de trabajo. Para ello parece conveniente no rechistar por nada; no liderar ninguna revuelta interna contra los superiores; acoger de buena gana el trabajo adicional de las personas a las que han despedido; no criticar la mala gestión de los superiores a mis compañeros y, sobre todo, no pedir un aumento de sueldo.
Si nos consideremos una víctima de la situación actual y de la empresa, el tiempo que mantendremos nuestro puesto de trabajo será inversamente proporcional a nuestro victimismo. Esto suele deberse a la mala gestión de nuestras emociones, las cuales nos pasan factura con el tiempo.
Aunque nuestro victimismo puede ser un aliado para negociar un despido improcedente y así mantener la sensación de víctima delante de mis compañeros y amistades al poder decir: “¡me han despedido!”.
Por el contrario, si nos identificamos como dueños de nuestras vidas y somos personas responsables, entonces podemos identificar esta situación como una oportunidad para nuestra carrera profesional. La buena gestión de nuestras emociones, combinado con la habilidad para comunicarnos pueden ser herramientas muy útiles para evitar el desgaste personal.
Nuestros superiores necesitan personas en quien poder confiar y a quienes poder delegar aquellas tareas de responsabilidad que les permitirán crecer profesionalmente. Al mismo tiempo ellos podrán dedicar más horas a esas tareas de mayor valor añadido que repercutirán de forma positiva en los ingresos de la empresa.
La alternativa a todo esto está clara: irnos de la empresa. Aunque la economía está mal, existen empresas que siguen buscando personal para sus plantillas. Puede que la búsqueda se alargue un poco más en comparación con años anteriores, que el puesto que nos ofrezcan esté por debajo de nuestras capacidades, o incluso que el salario sea más bajo que lo que veníamos percibiendo hasta el momento. Estas variables son importantes y hay que tenerlas en cuenta a la hora de tomar una decisión como esta.
De todo esto podemos aprender que los tiempos de crisis son momentos donde surgen nuevas oportunidades, donde tenemos que tener la mente abierta para poder exprimir al máximo nuestra creatividad. Es el momento para realizar un análisis DAFO y descubrir nuestras fortalezas y debilidades que nos permitirán generar una estrategia para saber cómo afrontar la crisis.
Saber delegar
José Maria Garteiz
Jueves, Diciembre 10th, 2009
Si preguntásemos a todos y cada uno de los empleados de una empresa ¿qué porcentaje de tu tiempo en el trabajo empleas en tareas que podrían ser realizadas por una persona con menos experiencia, sabiendo que se le ha formado para encargarse de ello con calidad? Nos sorprendería encontrar que el resultado medio es frecuentemente tan alto como el 40-50%.
Este mal hábito reduce los beneficios, afecta negativamente a la motivación y la moral de los empleados, reduce las capacidades competitivas de la organización y, adicionalmente, evita que los profesionales con más experiencia puedan emplear más tiempo con los clientes, invirtiendo así en el futuro de la empresa.
Ante la pregunta ¿por qué no delegas más en tus subordinados? es habitual escuchar respuestas como: prefiero hacerlo yo mismo o, tengo más confianza en que se haga bien si lo hago yo. ¿A qué miedo se enfrentan estas personas? ¿Qué las impide delegar?
En ocasiones es el propio sistema el que impide que los profesionales deleguen más en sus subordinados a través de los propios sistemas de medición y recompensa. Una de estas medidas de presión es la cargabilidad o utilización de los recursos humanos, por la que una persona tiene que facturar un mínimo de horas al cliente durante el mes para no ser echado a la calle, en especial en estos tiempos de crisis económica.
Otra de las razones que obliga a desarrollar esta tendencia para no delegar es la desgana a invertir tiempo en el entrenamiento y supervisión de una persona para conseguir una buena delegación. Aquí oiremos razonamientos del tipo: a una persona con menos experiencia le llevará hacerlo mas tiempo de lo que me llevará a mi, y además tendré que gastar tiempo en su supervisión.
Por último está el miedo a lo desconocido, lo que tendrá que hacer este profesional si entrega el trabajo a sus subordinados: prestar atención a las cuestiones de marketing, servicio al cliente, trabajar en tareas propias de su nivel. Si existe una buena delegación será necesario encontrar actividades sustitutivas que realmente cuadren con las habilidades y el nivel de experiencia profesional de la persona en cuestión.
Todas estas razones pueden estar muy bien de cara a uno mismo y los compañeros, sin embargo, no son un argumento válido para mantener personal ineficiente en la empresa. La buena noticia es que las empresas descubrirán que tienen grandes oportunidades en este área y que el dolor de cambiar los hábitos de sus empleados puede ser recompensado por los beneficios futuros y mitigado en parte con la ayuda de un proceso de coaching ejecutivo.
Cómo afrontar la crisis
José Maria Garteiz
Miércoles, Octubre 8th, 2008
Desde hace ya unos meses la crisis viene afectando a nuestro bolsillos, pero tal vez haya sido durante este mes de septiembre que la hayamos notado un poco más. Es posible que el comienzo del colegio, y todos los gastos que éste conlleva en ropa y material escolar, sumado al vencimiento de los pagos realizados con la tarjeta de crédito durante las vacaciones, hayan hecho que llegar a fin de mes fuese un poco más complicado para algunas familias.
Durante estos últimos meses se ha incrementado el trabajo de las costureras, de las tiendas de segunda mano, de los talleres de coches, de los videoclubs, así como la venta de marcas blancas en los supermercados. La gente ya no tira los pantalones de hace un par de temporadas, sino que los arregla; ya no mantiene en el desván el viejo televisor, sino que lo vende para que le den algo por él; no se compra un coche nuevo, sino que hace el mantenimiento del antiguo; no va al cine, sino que alquila una película; y no le hace asco a las marcas blancas, sino que las consume por ser más baratas y de una calidad aceptable.
Es ahora cuando el común de los mortales se pregunta ¿cómo llego a fin de mes con mi sueldo? La respuesta de muchas personas sería: “Ahorrando”. Efectivamente, ahorrar ayuda en este tipo de situaciones.
¿Y si buscamos aquellos gastos superfluos? Un gasto superfluo es algo que compro sin realmente necesitarlo, puede ser desde las palomitas que compro antes de entrar en el cine, pasando por la típica pizza que me traen a casa, hasta las clases de natación de nuestro hijo de tres meses. Algo que realmente no necesito ahora mismo y que puedo dejar de consumirlo sin que me pase nada hasta que lleguen tiempos mejores.
¿Y si ajustamos los gastos variables como la luz, el teléfono, la compra, etc.? Los gastos variables, junto con los mencionados en el párrafo anterior son los que realmente rompen el equilibrio de nuestras finanzas. Este es el momento para apagar esa luz que se queda encendida en la habitación cuando no hay nadie dentro, Es el momento para no pasarse horas hablando por el teléfono móvil y buscar otras alternativas para que nos salga más barato, como llamar a un fijo si se tiene tarifa plana. Es el momento para comprar marcas blancas, o buscar las ofertas en el supermercado que hagan que nuestra compra salga más económica.
En estos tiempos está bien ahorrar, pero ¿y si aumentamos nuestros ingresos? ¿Cómo podemos ganar más dinero? ¿Qué sabemos hacer que nos pueda reportar unos ingresos adicionales? ¿Quién puede ayudar dentro de la familia? En función de la edad de nuestros hijos, tal vez puedan cuidar a los niños de los vecinos, o de algún familiar; o puedan cortar el césped del vecino para ganarse un dinerillo que les permita pagarse el cine, las palomitas y mantener una línea de móvil sin que nosotros se la tengamos que comprar. Nuestras habilidades como pintor, electricista o fontanero nos pueden ahorrar también mucho dinero en las chapucillas de casa, al tiempo que nos pueden reportar algún dinerillo extra si se las ofrecemos a nuestros conocidos.
Es el momento de desarrollar nuestra creatividad, de hacernos preguntas que nos permitarn ahorrar y al mismo tiempo incrementar nuestros ingresos. Hagámonos de nuevo las preguntas que acabamos de leer en los párrafos superiores. Y recordemos mantener la creatividad dentro de la legalidad vigente en nuestro país, que seguro que así nos irá mejor.