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Ser responsable
José Maria Garteiz
Jueves, Enero 28th, 2010
Durante nuestra infancia nuestros padres nos educan primero para responder de nuestras cosas y, durante la adolescencia, para responder de lo que hacemos. De esta forma nos preparan para que al llegar a la edad adulta podamos responder de aquellas acciones y elecciones que hemos tomado libremente. Sin embargo, cuando llegamos al trabajo nos podemos encontrar con personas poco responsables en este entorno.
Las personas responsables en el trabajo ponen atención y cuidado en lo que hacen o deciden, ya que están obligadas a responder ante la empresa de sus acciones y decisiones. Estas personas suelen asumir con el tiempo nuevas funciones, las cuales acarrean mayores responsabilidades. Este hecho suele traducirse en un ascenso y, por consiguiente, en una subida de sueldo.
Al contrario que las anteriores, las personas con esta cualidad menos desarrollada tienden a no tomar ninguna decisión por si mismas, esperando a que alguien les diga lo que tienen que hacer. No suelen asumir nuevas funciones y siempre tienen a alguien a quien echar la culpa si algo sale mal.
Hay que tener en cuenta que las empresas suelen buscar a personas responsables para asumir los puestos más importantes de la compañía, es decir, los mejor remunerados. Hoy en día es raro encontrarse con multinacionales cuyos presidentes o altos directivos tengan esta cualidad poco desarrollada.
También hay que tener en cuenta que el sueldo suele ser proporcional a lo que una persona trabaja, entendiendo por trabajo tanto la actividad física como la intelectual, pero sobre todo por las responsabilidades que asume y el beneficio que reporta a la empresa.
Algunas de las lecciones que podemos aprender de todo esto es que las personas con la responsabilidad poco desarrollada pueden aumentarla si están dispuestos a ello. De entrada nos puede resultar incómodo y complicado encontrar cuáles son las razones y las causas que bloquean a estas personas en el desarrollo de esta cualidad, por eso hay ocasiones en las que utilizar a un profesional puede ser muy ventajoso. En cualquier caso no hay que desanimarse con estas personas, sino intentar comprender sus las limitaciones que las impiden crecer en este sentido.
Autosabotaje
José Maria Garteiz
Viernes, Septiembre 19th, 2008
La Real Academia define el sabotaje como una “oposición u obstrucción disimulada contra proyectos, órdenes, decisiones, ideas, etc.“ Y si hablamos de disimulo… ¡quién mejor que uno mismo para que no te des cuenta de nada!
Así que podemos entender el autosabotaje como la oposición de “mi yo más interno” contra mis proyectos, decisiones, ideas, etc.. ¡Qué locura! – podrá decir más de uno. Sin embargo ¿no te ha pasado alguna vez que…
- … te apuntas a un gimnasio, pero vas un día o no vas en absoluto?
- … quieres adelgazar unos kilos, pero rompes el régimen comiendo cualquier cosa?
- … deseas cambiar de trabajo, pero no envías el currículo a las empresas que te interesan?
- … postergas decisiones, aunque sabes que así pierdes oportunidades y el tiempo sigue pasando?
¡Eso es autosabotaje! ¿Y cuáles son las causas más frecuentes?
- La fuerza del hábito: para llegar puntual a mis citas no tengo que salir con el tiempo justo de casa y debo prever las incidencias del tráfico, por lo tanto debo cambiar mis hábitos.
- Comodidad: es más cómodo no hacerlo, además no veo la satisfacción que me proporcionaría cambiar en el corto plazo.
- Miedos: mis inseguridades y baja autoestima evitan que le pida salir a la chica que me gusta y así no recibo un “no” por respuesta, el cual me podría hundir aún más en la miseria.
- Culpabilidad: es que realmente “no me lo merezco“.
- Pérdidas que conlleva: quiero dejar la relación, pero no lo hago porque entonces perdería a mi pareja y todo lo que conlleva una relación.
- Necesidades básicas no satisfechas: mi falta de cariño es tan grande que prefiero estar enfermo para seguir recibiendo atención y cariño.
El autosaboteador actúa impidiendo la conducta deseada con diversas tácticas, algunas de las cuales menciono a continuación:
- nos hace racionalizar las cosas para restar valor a nuestro objetivo;
- nos busca satisfacciones a corto plazo;
- nos hace olvidadizos, no somos capaces de retener la información que le molesta;
- nos convence de que el objetivo es una meta inalcanzable y… ¡menudo esfuerzo!;
- nos hace sentirnos incapaces, así que ¡para qué intentarlo!
Y tu autosaboteador ¿cómo funciona?